En una residencia, el calor no solo viene de la calefacción. También está en una palabra amable, en una habitación luminosa, en una manta bien colocada. Pero cuando llega el invierno —o el verano aprieta—, hay una necesidad que se vuelve esencial: mantener una temperatura adecuada, estable y confortable para las personas mayores.

Y es que en el sector sociosanitario, el confort térmico no es un lujo, es parte del cuidado. Sabemos que muchas personas mayores tienen más dificultad para regular su temperatura corporal. Una sala demasiado fría puede desencadenar problemas de salud, y un ambiente caluroso puede resultar agobiante o incluso peligroso. Por eso, en cada centro, en cada planta, en cada habitación… la temperatura importa.

Pero aquí surge un dilema que muchos responsables de residencias conocen bien: ¿cómo mantener ese confort sin disparar el consumo energético, los costes… y también las emisiones contaminantes?

La buena noticia es que no hay que elegir entre cuidar a las personas y cuidar del medio ambiente. Ambas cosas son posibles. Solo hay que empezar a mirar el consumo energético con otros ojos.

Un reto que va más allá del ahorro

En muchos centros sociosanitarios, los sistemas de calefacción o aire acondicionado llevan años funcionando de la misma forma. A veces con equipos antiguos, sin automatización, sin un buen aislamiento en las ventanas, con radiadores encendidos todo el día, aunque no siempre haga falta.

Esto no solo tiene un coste económico elevado, sino que también supone un desgaste ambiental innecesario. Y es aquí donde entra en juego el concepto de eficiencia energética: hacer más, con menos.

¿Qué se puede hacer?

La solución no siempre pasa por grandes inversiones, sino por decisiones inteligentes. Revisar el aislamiento de puertas y ventanas puede suponer una mejora importante. Usar cortinas térmicas o burletes ayuda a mantener la temperatura sin esfuerzo. Reemplazar un equipo antiguo por otro de menor consumo puede parecer un gasto… pero en poco tiempo se convierte en ahorro.

Y luego están los pequeños gestos del día a día: cerrar una puerta para que no se escape el calor, ajustar el termostato en lugar de abrir la ventana cuando hace demasiado calor, programar los encendidos según las horas de actividad en el centro…

Incluso formar al personal en el uso responsable de la climatización o implicar a los propios residentes en pequeñas iniciativas sostenibles puede marcar la diferencia. Cuando todos reman en la misma dirección, los resultados se notan.

Sostenibilidad que también cuida

Cuidar del entorno en el que viven las personas mayores es, también, una forma de cuidar de ellas. Porque el confort no está reñido con la sostenibilidad. De hecho, son dos caras de la misma moneda.

Y si además esa eficiencia energética nos permite reducir costes, mejorar la imagen del centro y alinearnos con estándares de calidad, ¿por qué no apostar por ello?

Desde Kapacita creemos que formar en el ámbito sociosanitario también implica formar en responsabilidad. Por eso apoyamos una visión integral del cuidado: donde se proteja la salud, se garantice el bienestar y se respete el entorno.

Porque al final, construir un futuro más sostenible también empieza por cerrar una ventana… o por preguntarse si esa sala necesita realmente tener el termostato a 27 grados.

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